Crochet contra el coronavirus

La rutina se ha interrumpido. Cada mañana es distinta con toda la familia en casa. Nos recomiendan no salir a la calle por el bien de nuestros vecinos mayores o con alguna patología. Y, las dos familias de 45 Primaveras lo estamos cumpliendo. Ambas estamos ejerciendo de madres, profesoras, bailarinas, payasas, cocineras, monitoras de yoga, peluqueras, esteticistas, jugadoras de cartas, cantantes, críticas de cine, limpiadoras… y, tras ser todo esto durante todo el día dentro de casa, y cuando todos se van a la cama, somos tejedoras.

Es nuestro rato de descanso. El silencio invade nuestro espacio cercano aunque, al fondo, se oye la música procedente del cuarto de una de nuestras hijas adolescente. Los peques ya están soñando con los ángeles por fin. Y nuestros maridos, también agotados de estar todo el día ante el ordenador intentando solucionar asuntos de sus trabajos, están dormitando en el sofá. Es la ocasión de volver a encontrarnos con nuestros ganchillos y con la enredada madeja de lana abandonada desde hace días.

A la mañana siguiente volveremos a empezar con las tareas de los peques y, mientras está coloreando la letra Z o la B, aprovechamos para escribir unas palabras en el blog.

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